No puedo ver nada, todo está oscuro ¿estaré dormido? Solo puedo sentir
frío…
-
Despierta… aun no es tarde…
¿De dónde viene esa voz? ¿Aún no es tarde para qué?
-
Despierta…
Solo, con la ropa empapada y con
una brecha en la cabeza de tres centímetros que chorrea sangre con continuidad.
De esta manera me encuentro viajando en el metro camino a ninguna parte. No es
que sea mi jovi subirme al metro a dar paseos sin rumbo, la cosa es que no
recuerdo como he llegado aquí ni a dónde me dirigía. He debido de darme un
golpe muy fuerte… me va a estallar la cabeza…
¡Joder! ¡No consigo recordar nada
de lo sucedido esta noche!
A ver, empecemos por el
principio…
Mi nombre es… Eric, pero todos me
llaman Dark, y lo hacen porque me ven algo oscuro y misterioso a pesar de que a
mí no me van los misticismos. Soy estudiante universitario, estoy en tercer año
de carrera, hago Informática.
Hoy es jueves, 4 de Noviembre de
2010, puedo verlo en la pantalla de mi móvil…
Bien, ahora que he recordado lo
esencial para situarme puedo echar la vista atrás para recordar cómo he llegado
hasta aquí...
Todo comenzó hace unos meses, al
acabar los exámenes de la facultad fui con mis amigos a celebrar nuestra
libertad al garito de siempre.
- ¡Dark!
Esta vez invitas tú que siempre te escaqueas
- Ni hablar
Neil, estoy más pelado que un pavo en Navidad
– Neil es mi mejor amigo, nos conocimos en el último año de instituto, digamos
que era algo problemático y yo encarrilé (un poco) su vida.
-
No
desesperéis pequeños, a esta invito yo – Sarah, siempre a tiempo para
salvarnos el culo a todos, si no fuese por ella más de una vez habríamos tenido
serios problemas.
-
¿Qué
haríamos sin ti, preciosa? ¿Verdad, Dark? – No era un secreto que a Neil le
gustaba Sarah, sin embargo ella tenía otros intereses, pobre Neil…
-
Bueno
chicos, he estado pensando que este verano podríamos hacer un viaje – dijo
ella
-
¿Y dónde
quieres ir? – pregunté yo
-
A Nueva
York, por supuesto
-
¿Es por
ese tío del chat? – interrumpió Neil
-
Bueno…en
parte sí… quiero conocerle, pero al margen de eso llevo mucho tiempo queriendo
ir a Nueva York
-
Bueno
pues, vayamos entonces, pero tendrás que esperar a que me dé tiempo a recaudar
fondos para el viaje, como dije antes, estoy sin blanca
-
Tienes un
mes de plazo
-
¿Solo un
mes? Eres cruel… haré lo que pueda…
Y así, sin despeinarse, Sarah
destrozó el corazón de Neil y mi bolsillo convenciéndonos para ir al otro lado
del charco.
Tal y como lo habíamos planeado,
un mes más tarde cogimos un vuelo a Nueva York, Sarah se había encargado de
todos los detalles: reservar la habitaciones de hotel, los billetes de avión,
seleccionar cuidadosamente en que restaurantes comeríamos, etc.
Después de un primer día de
turismo agotador decidimos enclaustrarnos en nuestras respectivas habitaciones
durante la noche para coger con fuerzas el día que nos aguardaba. Me metí en la
cama dispuesto a dormir pero solo conseguí dar vueltas durante un buen rato sin
resultados. Derrotado por mi insomnio se me ocurrió mirar el paisaje urbano a
través de la ventana de mi habitación por si me inspiraba para echar un
sueñecito. No obstante lo que me encontré no fue para nada somnoliento, no
sabía si estaba colocado por la polución de la urbe o el ambientador del baño
era demasiado fuerte pero estaba viendo una figura (no sabría distinguir si era
hombre o mujer) saltar por los tejados de la ciudad como si de un mono se
tratara.“Debo dejar la bebida” pensé, pero no había probado gota ese día.
Atónito retorné a la cama para intentar conciliar el sueño.
Ayuda… ayuda…
A la mañana siguiente, el cruel y
despiadado timbre del teléfono me despertó de mi letargo. Era Sarah con el
propósito de sacarme de la habitación para ir a desayunar
-
¡Dark!
Date prisa, estamos en el hall de la entrada
-
Voooy…
- contesté con una voz de ultratumba
¿Qué mierda había sido eso? ¿Una
oscura figura saltarina y una voz misteriosa clamando socorro? Sin duda la cena
me había sentado mal y me hizo delirar en sueños.
Me apresuré a bajar al hall donde
Neil y Sarah me esperaban hambrientos. Después nos dirigimos al comedor del
hotel para saciar el apetito.
-
Hoy he
quedado con Greg
-
¿Te
refieres al capullo del chat? – preguntó arrogante Neil
-
Aquí el
único capullo que hay eres tú – le espetó ella
-
Sea como
sea, ten cuidado, si tienes algún problema llámanos sin falta – me preocupé
-
Descuida
Dark, ya soy mayorcita
-
En
cualquier caso…ya sabes…
Vale que pueda hacer lo que
quiera, pero quedar con alguien a quien solo conoce de Internet, la verdad, no
inspira mucha confianza. A veces me
siento un poco madre.
Tras el desayuno Sarah fue al
encuentro de Greg.
-
Voy a
seguirlos
-
No creo
que eso sea buena idea, Neil. Si Sarah te descubre te arrancará la cabeza.
-
Me
arriesgaré, ¿no vienes?
-
Ni loco
-
Tsk,
gracias “amigo”
Mi
preocupación por Sarah era menor que el riesgo de tener que comprar un billete
extra de vuelta para mi cabeza cercenada, además, tenía sitios más interesantes
que quería visitar.
Me dirigía
hacia una tienda de electrónica para reemplazar mi viejo portátil cuando vi a
una chica vestida con una gabardina y gorro (en pleno verano) corriendo a toda
velocidad en dirección opuesta. ¿Adivina quién chocó de morros con ella? Exacto,
yo.
Caímos al
suelo del golpe pero ella se levantó como una exhalación y siguió corriendo sin
darse cuenta de que por el camino había perdido una caja con un CD. Lo cogí y acto
seguido cuatro hombres trajeados pasaron corriendo en la misma dirección que la
chica. Sin duda la estaban persiguiendo.
Sin darle
mayor importancia metí el CD en la mochila que llevaba y continué mi camino
hacia la tienda. Recuerdo que tenían cantidad de ordenadores cada uno más fascinante
que el anterior, casi te hacían tortitas por la mañana. Había uno que te daba
los buenos días.
Una vez ya con
mi nuevo portátil de última generación decidí festejarlo tomándome un café, así
que me puse a buscar una cafetería. No tardé mucho en encontrar una, entré,
pedí y me senté en una de las mesitas junto al ventanal del local. Mientras
estaba sentado intentaba coquetear con la camarera, le guiñe un ojo y todo.
Cuando acabé mi café, le hice señas de que quería otro. Me debió entender a la
perfección porque no solo me trajo otro café sino que además me escribió su
número de teléfono en el vaso. Dark, eres todo un tío.
Cuando estaba
a punto de darle el último sorbo a mi “café-premio”, una mujer se sentó conmigo
a la mesa, pensaba que era la guapísima camarera pero mi sorpresa fue…
-
¡Tú!
¡Eres la de antes! – grité sorprendido
-
Shhhh!!
El CD – exigió mientras se quitaba el gorro que llevaba puesto dejando ver
una espectacular melena rojiza
- Ah..si,
espera, lo tengo aquí en la mochila, te fuiste con tanta prisa que no pude
devolvért..
Mientras
buscaba el CD en mi mochila entre todos mis trastos (el mp4, el portátil, el
móvil...) un BMW negro atravesó la luna del escaparate de la cafetería a escasos
metros de nuestra mesa. En medio de la confusión, la pelirroja agarró mi
mochila y salió corriendo. Yo no me iba a quedar sin mi portátil nuevo de modo
que fui detrás de ella. Un segundo más tarde salieron del coche los hombres
trajeados que echaron a correr tras nosotros.
Corriendo por
las calles de Nueva York… ya no sabía si corría por mi ordenador o por que los
tipos de traje no me echaran el guante. Seguí a la chica hasta un callejón,
pero cuando di la vuelta a la esquina, ya no estaba. Miré hacia todos lados y
me percaté de una escalera de incendios, subí por ella a toda velocidad y
cuando llegué arriba la vi corriendo un par de tejados más adelante. Mientras
intentaba alcanzarla, resbalé, caí por uno de los tejados y fui a parar a un
puesto de comida china que amortiguó mi caída. Nunca había visto un chino
cabreado de esa manera. Tirado sobre el puesto pude ver como aquellos hombres
pasaban por encima del hueco que me había llevado a dejar sin negocio a aquel
pobre hombre que echaba chispas. Ni siquiera miraron abajo, no debía de interesarles
demasiado.
Con la pierna
y el brazo magullados di por perdido mi nuevo portátil y todas las posesiones
que llevaba dentro de la mochila. Afortunadamente la cartera y la tarjeta llave
del hotel las llevaba en el bolsillo del pantalón de modo que me volví al hotel
a darme una ducha y pensar en qué narices acababa de pasar.
Toda esta
historia es parece apasionante pero ¿qué tiene que ver con que me encuentre
solo en un vagón de metro con la cabeza chorreando sangre? Debería salir de
aquí e ir a casa a curarme esto…